El PSE-EE ante las elecciones vascas

Una de cal y otra de arena

La dirección del PSE debe anteponer a cualquier otra cosa la obligación de echar a Ibarretxe a la oposición, alcanzando para ello un acuerdo con el PP

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17-01-2009
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En la presentación de las lí­neas maestras de la precampaña electoral, Rodolfo Ares, secretario de Organización de los socialistas vascos volvió a ofrecer una de cal y otra de arena. Primero, refiriéndose a las últimas encuestas, que confirman el retroceso de Ibarretxe y ofrecen la posibilidad de una mayorí­a absoluta no nacionalista, afirmó que "en Euskadi hay una nueva mayorí­a social que reclama un cambio polí­tico y que confí­a en el PSE-EE para llevarla a cabo". Pero inmediatamente, ofreció a la sociedad vasca un ambiguo "punto de encuentro" para lograr un Gobierno vasco "con objetivos compartidos". ¿Objetivos compartidos con quién? ¿Pueden existir "objetivos compartidos" con Ibarretxe, Arzallus o Eguibar, máximos representantes del fascismo étnico? En la presentación de las lí­neas maestras de la precampaña electoral, Rodolfo Ares, secretario de Organización de los socialistas vascos volvió a ofrecer una de cal y otra de arena. Primero, refiriéndose a las últimas encuestas, que confirman el retroceso de Ibarretxe y ofrecen la posibilidad de una mayorí­a absoluta no nacionalista, afirmó que "en Euskadi hay una nueva mayorí­a social que reclama un cambio polí­tico y que confí­a en el PSE-EE para llevarla a cabo". Pero inmediatamente, ofreció a la sociedad vasca un ambiguo "punto de encuentro" para lograr un Gobierno vasco "con objetivos compartidos". ¿Objetivos compartidos con quién? ¿Pueden existir "objetivos compartidos" con Ibarretxe, Arzallus o Eguibar, máximos representantes del fascismo étnico?
El Partido Socialista de Euskadi (PSE-EE) es la fuerza política que puede hacer realidad el fin de los diez años de gobiernos etnicistas de Ibarretxe. Por eso su posición es determinante.
Y cada día ofrece una calculada ambigüedad que pretende colocarse en una distancia equidistante entre Ibarretxe y el PP –cuyo respaldo es imprescindible para desalojar a Ibarretxe de Ajuria Enea-.
El mismo día que Rodolfo Ares defiende Ares un Gobierno vasco que tenga como prioridad "combatir al terrorismo, para acabar con la violencia y consolidar la paz y la libertad", Patxi López fustiga al PP casi con mayor fiereza que al PNV, acusándole de "utilizar a ETA, a la política antiterrorista y a la búsqueda de la paz, para atacar a zapatero, al Gobierno y al PSOE, porque no saben hacer otra cosa y todo su proyecto político es antisocialista".
En el PSE-EE existen dos líneas, dos caminos. Uno es el representado por los concejales y militantes socialistas amenazados por ETA, y que configuraron la columna vertebral de la rebelión democrática contra el nacionalismo étnico. Otro es la tendencia a la conciliación y componendas con los jelkides del PNV. Expresión de esto fue la entrega de la lehendakaritza al PNV cuando el PSOE ganó las elecciones vascas, o el tramposo proceso de “diálogo” impulsado durante la última tregua.
Patxi López y la actual dirección del PSE se han manifestado demasiado cercanos a la conciliación con el nacionalismo étnico. Pero ahora les corresponde, paradójicamente, la responsabilidad de acabar con los gobiernos etnicistas.
Y no pueden fallar ni defraudar. Arrojar otro balón de oxígeno a Ibarretxe, cuando está más cerca que nunca de la derrota, sería una traición imperdonable. La dirección del PSE debe anteponer a cualquier otra cosa la obligación de echar a Ibarretxe a la oposición, alcanzando para ello un acuerdo con el PP.
Debemos dar a Patxi López todo el apoyo para que lo haga. Y, precisamente por ello, mantenernos vigilantes ante cualquier manifestación de conciliación con el nacionalismo étnico.
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