Literatura

La Parábola del Fin

"La carretera", del norteamericano Cormac McCarthy, es una novela estremecedora e inquietante, una parábola sobre el fin de la humanidad y al tiempo una apasionada defensa de aquello que nos hace humanos

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16-01-2009
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Para el gran crí­tico neoyorquino Harold Bloom, Cormack McCarthy es un escritor de estirpe shakespeariana, el más digno discí­pulo de Melville y Faulkner en la narrativa norteamericana del presente y el escritor "apocalí­ptico" más grande de Estados Unidos, dotado con una "originalidad aterradora". Para el gran crí­tico neoyorquino Harold Bloom, Cormack McCarthy es un escritor de estirpe shakespeariana, el más digno discí­pulo de Melville y Faulkner en la narrativa norteamericana del presente y el escritor "apocalí­ptico" más grande de Estados Unidos, dotado con una "originalidad aterradora".
Inquietante desde el primer párrafo, trágica en su más honda concepción, lúcida como pocas, "La carretera" ("The Road"), la última novela de Cormac McCarthy, transcurre en la inmensidad del territorio norteamericano, un territorio devastado por lo que podría ser -aunque nunca lo sabemos con certeza- un reciente holocausto nuclear.
 
En ese escenario dantesco, un páramo carbonizado que es lo único que queda de lo que algún día fueron los Estados Unidos, un padre trata de salvar la vida de su hijo emprendiendo un viaje desesperado hacia el sur, hacia el mar, con el quimérico anhelo de encontrar allí unas mejores condiciones de vida, que aseguren su supervivencia.
 
Huyendo de "un frío capaz de romper las piedras", azotados por lluvias persistentes y nieve frecuente, padre e hijo recorren, siguiendo la ruta de una carretera incierta, un paisaje apocalíptico, de árboles quemados, casas derruidas, ceniza y luz muerta.
 
Ya no resta más forma de vida que la humana, un escaso puñado de supervivientes, convertido en su mayor parte en forajidos salvajes y bandas de caníbales, frente a los que hay que mantenerse en una alerta permanente para no sucumbir a su ferocidad.
 
Así resumida, puede quedar la falsa impresión de que estamos ante otro manido relato catastrofista de terror al estilo de Hoolywood. Pero nada más lejos de la realidad. La novela de McCarthy se mueve en las antípodas de esa vacuidad y de ese exhibicionismo.
 
Si con algo cabe, por el contrario, emparentar el libro es con la tragedia clásica. El libro provoca en el lector algo muy similar a lo que podemos presumir producía la representación de una tragedia entre los griegos: una verdadera conmoción, una auténtica catarsis.
 
Escrita con un ascetismo lingüístico proverbial, la novela más que por las "razones" del Apocalipsis vivido -que ni el protagonista ni el niño se preguntan, ¿ya para qué?-, parece inquirirnos por preguntas aún más esenciales: ¿por qué vivimos?, ¿por qué nos empeñamos en sobrevivir como humanos y no como animales?
 
Premiada en 2007 con el Pulitzer, acaba de ser editada aquí como libro de bolsillo. Una de las obras verdaderamente importantes de la literatura universal de estos últimos años.
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