Sólo 383.000 inmigrantes podrán votar en las municipales

Sin voz, ni voto ¿a quién interesa?

La mejora de las condiciones de vida y trabajo del conjunto de la sociedad española pasa por el pleno reconocimiento a voz y voto de los inmigrantes que viven en nuestro paí­s y que constituyen ya el 11% de la población.

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16-01-2009
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El número de inmigrantes censados en España en el 2008 llegó a los 5.220.600, es decir, un 11,3% del total de la población española. Aproximadamente más del 70% están en edad de votar, unos 3.654.000. Pero sólo podrán hacerlo 383.000 en las próximas municipales, un 10% del total de inmigrantes que viven y trabajan en nuestro paí­s. ¿A qué se debe esta escasí­sima participación? Y, principalmente, ¿sirve a los intereses del conjunto de la población española? El número de inmigrantes censados en España en el 2008 llegó a los 5.220.600, es decir, un 11,3% del total de la población española. Aproximadamente más del 70% están en edad de votar, unos 3.654.000. Pero sólo podrán hacerlo 383.000 en las próximas municipales, un 10% del total de inmigrantes que viven y trabajan en nuestro paí­s. ¿A qué se debe esta escasí­sima participación? Y, principalmente, ¿sirve a los intereses del conjunto de la población española?
Se trata de 256.000 inmigrantes colombianos y 127.000 peruanos con cuyos gobiernos se han adelantado los trámites para verificar el principio de reciprocidad, que exige la Constitución española para otorgar el voto a ciudadanos de otros países residentes en España.
Los 8.191 españoles con residencia en Colombia y los 6.903 residentes en Perú ya tienen derecho a voto.
Sin embrago la pequeñísima posibilidad de voto de los inmigrantes en las elecciones de nuestro país nos emplaza a tres problemas.
Primero, la reciprocidad que exige la Constitución existe con casi todos los países de procedencia de los inmigrantes de nuestro país, sin embargo, no se ha hecho prácticamente nada para activar los mecanismos burocráticos que permitan su votación en España. De ello son responsables los gobiernos de origen pero, principalmente, el gobierno español al que parece no importarle dar voz y voto, nada menos, que al 11% de su población. Si los inmigrantes son buenos para trabajar ¿por qué no lo son para participar en las elecciones?
Segundo, ya que es sólo una cuestión de voluntad política, unicamente puede comprenderse la ridícula participación de los trabajadores inmigrantes en las decisiones electorales de nuestro país -después de 15 años de un importante flujo migratorio- por el interés de la práctica totalidad de las fuerzas políticas de nuestro país en que así sea. Por un -¿tácito?- “pacto de Estado”.
Al no ser una parte del electorado, los distintos partidos hacer tragar a este activo sector de la población con cualquier medida, con cualquier recorte.
Las fuerzas políticas no responden de nada ante el 11% de la sociedad española.
Tercero, a diferencia de cómo se presenta en los medios de comunicación, el derecho a voto de los inmigrantes es algo necesario y positivo para el progreso de la sociedad española. Hacer participar a ese 11% de nuestra población es particularmente cualitativo, justamente por su condición es un sector especialmente interesado en el progreso social y la mejora de las condiciones de los trabajadores, de la sanidad, de la educación, etc.
No sólo es una cuestión de principios, del ejercicio del pleno derecho a la ciudadanía para quienes viven y trabajan en nuestro país.
El derecho al voto sería sólo una parte, pero importante, de la fuerza que podrían aportar los trabajadores inmigrantes a las luchas y reivindicaciones del conjunto de los trabajadores y la sociedad española. Más aún en estos momentos de crisis y cuando ellos están siendo especialmente castigados.
Mientras los inmigrantes estén silenciados, marginados y separados del conjunto de la clase obrera no representan ningún peligro. 
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