Avance de las negociaciones diplomáticas sobre Gaza

A Olmert se le acaba el tiempo

Los sectores del gobierno israelí­ partidarios de negociar un alto el fuego tienen la mirada puesta en Washington. Bush ya se despide y el nuevo gobierno ya esta marcando sus objetivos internacionales

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15-01-2009
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La situación diplomática se mueve aceleradamente en Oriente Medio, impulsada por las deliberaciones de otros centros de poder mundial. Hamás ha aceptado en El Cairo -aunque con condiciones- un principio de acuerdo de alto el fuego, mientras que Tel Aviv acelera frenéticamente el ritmo de la masacre al ver que se le acaba el tiempo. El gobierno de Olmert se muestra dividido ante las cada vez más insistentes señales de que Washington -donde se consuma el ocaso de Bush y la llegada de la nueva polí­tica exterior de Obama- está tirando de las bridas de Tel Aviv.
 (EFE) Ehud Olmert presidiendo una reunión de su gabinete
(EFE) Ehud Olmert presidiendo una reunión de su gabinete
La situación diplomática se mueve aceleradamente en Oriente Medio, impulsada por las deliberaciones de otros centros de poder mundial. Hamás ha aceptado en El Cairo -aunque con condiciones- un principio de acuerdo de alto el fuego, mientras que Tel Aviv acelera frenéticamente el ritmo de la masacre al ver que se le acaba el tiempo. El gobierno de Olmert se muestra dividido ante las cada vez más insistentes señales de que Washington -donde se consuma el ocaso de Bush y la llegada de la nueva polí­tica exterior de Obama- está tirando de las bridas de Tel Aviv.
La castigada población de Gaza acaricia la esperanza de un alto el fuego, mientras el ejército israelí intensifica los ataques, a la espera de que en días o en horas llegue la orden de retirada. Hamás, que hace unos días rechazó la propuesta egipcia, ha avanzado en la mesa de negociaciones de El Cairo, y se muestra ahora dispuesta a aceptar -con condiciones- el plan de paz de Mubarak. Las condiciones son claras: el final de la ofensiva israelí y la retirada de las tropas israelíes en 48 horas, el final del bloqueo al que está sometida la franja de Gaza y la reconstrucción de la franja. "No vamos a aceptar nada que no incluya eso", afirmó Al Bardawil, negociador de Hamás. A cambio están dispuestos a aceptar una tregua de un año de duración y el despliegue de observadores –no tropas- internacionales para supervisar el cumplimiento. Hamás también ha puesto también como condición que sea Turquía la garante y supervisora de la tregua.
 
Mientras tanto, en el gobierno de Tel Aviv las divisiones y tensiones internas se hacen más patentes que nunca. El primer ministro, Ehud Olmert, es quien se opone con mayor fuerza al fin del castigo a la franja, haciéndose eco de los sectores más belicistas y aventureros del ejército y del sionismo israelí. En cambio, hace días que el Ministro de Defensa, Ehud Barak y la Ministra de Exteriores, Tzipi Livni han mostrado públicamente -dado que Israel ya ha alcanzado sus principales objetivos bélicos y políticos- que cada día que pasa tiene más que perder y que lo aconsejable es aceptar un alto el fuego ventajoso para Israel.
 
Olmert, partidario de reventar Gaza, atiza el fuego hasta que ya no quede más tiempo. Ehud Barak insistió el lunes en que Israel ya no podía conseguir más logros militares, y que la situación en el campo de batalla podía complicarse. Livni asiste a la creciente presión de la comunidad internacional escandalizada ante la magnitud de la masacre. La tibia e hipócrita Unión Europea le ha advertido que la imagen internacional de Israel está por los suelos y que eso tiene consecuencias. Pero a la ministra de exteriores no le preocupa tanto eso como el reforzamiento de Hamás en los foros internacionales. El reconocimiento del gobierno islamista, cuestionada por todo los países occidentales antes del ataque, es hoy una realidad forzosa en los esfuerzos por parar las hostilidades.
 
Pero los sectores partidarios de parar el ataque tienen sobretodo la mirada puesta… en Washington. Si bien no pocos han interpretado la guerra de Gaza como una operación destinada a condicionar la futura política exterior norteamericana respecto a Oriente Medio, la realidad es que la administración Bush está abandonando ya sus puestos y los nuevos funcionarios del gobierno de Obama están marcando públicamente cuáles serán sus prioridades, orientaciones y objetivos en la arena internacional.
 
La nueva Secretaria de Estado, Hillary Clinton, anunció ayer ante el Senado los ejes de la “nueva diplomacia inteligente” de EEUU, y Barack Obama anunció hace tres días que el diálogo con Irán será una de sus prioridades. Obama está dispuesto a sacar al país persa del “eje del mal”, a descartar –al menos de momento- el uso de la fuerza militar y a explorar las vías diplomáticas para neutralizar, desactivar o por lo menos reducir a un papel pasivo al régimen de Teherán. Obama ha declarado en repetidas ocasiones su intención de sacar las tropas de Irak y de recuperar y afianzar las posiciones en Afganistán –el auténtico botín irrenunciable de Bush-, objetivo realmente complicado si no se cuenta con la aquiescencia de Irán.
 
Pero además, si EEUU tiene la llave de Oriente Medio, Teherán hace tiempo que se ha hecho con la de la puerta trasera. La enorme influencia que el régimen de los ayatolás tiene sobre Siria y sobre partidos islamistas como Hizbulá en Líbano y Hamás en Palestina, entre otros, han dotado a Irán de una capacidad de intervención en la zona notable. Obama aspira a controlar el incendio de Oriente Medio, paso imprescindible para volver a los ejes de una línea de hegemonía consensuada, y para eso también hay que contar con Admadinejad.
 
Los propios medios norteamericanos han informado que hasta la administración Bush tuvo que parar los pies a Olmert, representante de los sectores más aventureros, agresivos y reaccionarios del sionismo israelí. Israel pidió bombas anti-bunker y permiso para que sus aviones cruzaran el espacio aéreo de Irak para atacar las instalaciones nucleares iraníes. Esta es la casta de pirómanos genocidas que hoy masacran a la indefensa población civil en Gaza. A Olmert se le acaba el tiempo, pero piensa apurar hasta la ultima gota… de sangre palestina.
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