La fiscalí­a anticorrupción investiga al Santander por el caso Madoff

Los intocables de Botí­n

En los años 30, EEUU concedió amplios poderes a Elliot Ness y sus intocables, para combatir el poder de la mafia. 70 años después, en España, los intocables están en el otro lado.

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14-01-2009
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El pasado martes, el periódico por excelencia de la oligarquí­a financiera norteamericana, el Wall Street Journal, publicaba una información en la que aseguraba que el Banco de Santander está siendo investigado por la fiscalí­a anticorrupción, que desea conocer los turbios movimientos realizados por miembros de la cúpula de la directiva del banco las semanas previas al estallido del escándalo Madoff.
 Según el Wall Street Journal, la fiscalí­a anticorrupción investiga al Santander por el caso Madoff
Según el Wall Street Journal, la fiscalí­a anticorrupción investiga al Santander por el caso Madoff
El pasado martes, el periódico por excelencia de la oligarquí­a financiera norteamericana, el Wall Street Journal, publicaba una información en la que aseguraba que el Banco de Santander está siendo investigado por la fiscalí­a anticorrupción, que desea conocer los turbios movimientos realizados por miembros de la cúpula de la directiva del banco las semanas previas al estallido del escándalo Madoff.
Al hacerse pública la estafa piramidal de Madoff, la mayoría de los medios de comunicación españoles apuntaron inmediatamente hacia el Santander como uno de los mayores perjudicados por el caso. Lo sorprendente del caso, sin embargo, es que mientras los inversores que habían acudido al reclamo del Santander para invertir en los fondos de Madoff han quedado atrapados en la estafa –por un montante que al parecer supera los 2.000 millones de euros–, el banco afirma tener una exposición prácticamente ridícula (de apenas 17 millones de euros) en un negocio en el que había embarcado a sus mejores clientes.
Y ahí surge el primer enigma. ¿Es pensable que un banco con la voracidad del Santander metiera a sus clientes en un negocio que daba dividendos anuales entre el 10 y el 12% sin que él mismo participara también de esos suculentos beneficios? Y, en caso de que fuera así, ¿por qué no lo hizo?
La fiscalía anticorrupción, según la información del Wall Street Journal, investiga en particular porqué el banco envió a dos emisarios de alto rango a Nueva York a entrevistarse personalmente con Madoff unas semanas antes del colapso de sus fondos de inversión. ¿Qué fueron a tratar   estos emisarios? ¿De qué información disponía el banco para un movimiento tan apresurado en fechas tan claves y que información obtuvo de la entrevista? ¿Tenía el banco de Santander o algunos de sus principales directivos inversiones importantes en los negocios de Madoff antes del viaje?
El cruce de dos datos aparentemente inconexos entre sí puede dar alguna pista sobre el asunto. Los dos tercios de las pérdidas del caso Madoff provienen de inversores de Iberoamérica. Y un tercio del negocio –y de los beneficios– de Botín provienen exactamente de esa región.
A la fiscalía anticorrupción le ha faltado tiempo, nada más conocerse la noticia, en salir al ruedo para desmentirla... a medias. Afirmando que no está investigando a nadie en particular sino en la fase de diligencias previas de acumulación de información. Lo que no es extraño si tenemos en cuenta que hasta el Tribunal Supremo tuvo que inventarse una nueva doctrina –conocida desde entonces como la “doctrina Botín”– para exonerar al banquero cántabro de la presunta estafa cometida en el caso de las cesiones de crédito.
En la década de los 30, el gobierno norteamericano concedió amplios poderes a los agentes del Tesoro, encabezados por Elliot Ness y sus intocables, encargados de combatir el creciente poder de la mafia. En España, 70 años después, las tornas se han cambiado. Y ahora los intocables están en el otro lado.
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