Cómics

Escobar y el tebeo valenciano de la posguerra

Se conmemora el centenario del nacimiento de Josep Escobar, creador de "Carpanta" y "Zipi y Zape". Uno de los máximos exponentes de la escuela valenciana del "tebeo", que ya fue homenajeada en el último Salón Internacional del Cómic de Barcelo

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14-01-2009
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Zipi, Zape, Carpanta, Petra, Doña Tula y el Profesor Tenebro se reúnen para celebrar el centésimo cumpleaños de su padre, Josep Escobar. Antoni Guiral y Joan Manuel Soldevilla le rinden homenaje en "El mundo de Escobar", un libro que repasa la trayectoria del dibujante. Zipi, Zape, Carpanta, Petra, Doña Tula y el Profesor Tenebro se reúnen para celebrar el centésimo cumpleaños de su padre, Josep Escobar. Antoni Guiral y Joan Manuel Soldevilla le rinden homenaje en "El mundo de Escobar", un libro que repasa la trayectoria del dibujante.
Sin embargo, al contrario de lo que pueda indicar su amplísimo legado, el dibujante no tuvo una vida profesional sencilla. Después del levantamiento militar en julio de 1936, comenzó a colaborar con "L'Esquella de la Torratxa", una de las publicaciones satíricas antifascistas que se crearon en España. Lo que le costó años de reclusión en la Cárcel Modelo de Barcelona.
 
Josep Escobar es el estandarte de tebeo valenciano de posguerra, sin el cual sería inexplicable el fenómeno del cómic en España. Valencia era el centro nacional de creación, en la época en la que estos cuadernillos que se vendían a 50 céntimos hacían las delicias de los jóvenes de la época. La diversidad de géneros estilos y lectores, entre las que se desarrolló este arte popular de kiosco, sentaron las bases de una prolífica industria creativa valenciana.
 
Entre la acogida popular y la persecución de la censura vivieron estos “pioneros”, que difundían su abundante obra en decenas de publicaciones. Papitu, L'esquellot, Pocholo, Lean, TBO, Don José, Leyendas Infantiles, El coyote, etc. Sería imposible concebir la historia de España sin testimonios culturales como «El Guerrero del Antifaz», de Manuel Gago; «Roberto Alcázar y Pedrín», con dibujos de Vañó; o «Jaimito» y «Pumby», revistas infantiles de enormes tiradas, donde dibujantes como Palop o Sanchís dejaron muestra de su genialidad.
 
Curiosamente después de décadas de esplendor, este tipo de pequeñas publicaciones comenzaron a desaparecer en masa, lo que provocó la emigración de los autores valencianos a Estados Unidos y diversos países europeos, como Holanda, Francia, Inglaterra o Suecia. En los 80 resurgiría el medio con otro tipo de revistas dirigidas a un público adulto, el lector medio había crecido con la transición y las historietas rompieron barreras. Así entendemos ahora la historia del cómic en nuestro país, como fruto del trabajo de aquellos profesionales que en los peores tiempos agitaron sus pinceles en la sombra.
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