Salud

La enfermera no puede, pero receta

Vuelve la polémica de la posibilidad de que las enfermeras puedan recetar una serie de medicamentos.

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13-01-2009
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CiU viene al parlamento con una propuesta para que, sin contravenir la Ley del Medicamento, que otorga la capacidad de recetar sólo al médico, permita regularizar una situación que se da ya en los hechos: las enfermeras ya recetan. La Junta de Andalucí­a ya lo tiene legislado, por decreto autonómico, y pretende ser punta de lanza para que se extienda a toda España, toda vez que el Consejo de Estado emitió un informe en contra de la pretensión de Bernat Soria de modificar la legislación actual desde el Ministerio de Sanidad. En esta batalla se pone de manifiesto que las necesidades de salud reales chocan con intereses y privilegios establecidos. Por un lado, dichas necesidades empujan a que las enfermeras sobrepasen los lí­mites establecidos por la normativa para su profesión y cojan responsabilidades superiores, teóricamente reservadas para los médicos. Hoy, por ejemplo, podemos ver a enfermeras en los "triage" de muchos servicios de urgencias clasificando a los enfermos para su atención temprana, cuando hace años este papel lo cumplí­an médicos. Por otro lado, el monopolio de la prescripción en manos de los médicos, amén que este sólo pueda ser roto en manos de profesionales totalmente capacitados y formados para tener tal responsabilidad, es lo que ha permitido que las grandes farmacéuticas haya intervenido en la "elitización" del estamento médico (financiando congresos, haciendo regalos a los médicos...). Claro que todo tiene un doble aspecto. Ni la capacidad de recetar debe convertirse en que las enfermeras cumplen el papel burocrático de rellenar recetas (que es en definitiva a lo que conduce la propuesta de CiU cuando deja intacto el monopolio médico de la prescripción) ahora que la población va envejeciendo y aumenta el número de enfermos crónicos que visitan los ambulatorios únicamente para ir renovando sus recetas. Eso serí­a tan sólo un parche a la sobrecarga de los médicos de familia, rebajando el papel de la enfermera al de la secretaria que alivia dicha sobrecarga al médico. Usar a las enfermeras como mano de obra barata para poder aliviar los presupuestos sanitarios de las comunidades autónomas, ese es el interés que hay que conjurar. La enfermerí­a, por su nivel profesional, que a las enfermeras españolas no les falta, por su práctica en el uso y manejo de técnicas dianósticas y terapéuticas, en la cercaní­a al enfermo, a sus necesidades y problemas, puede representar un factor d avance en las necesidades populares y un factor de retroceso para la medicina monopolizada por unos pocos. No en vano, fue el Consejo de Estado, un organismo en el que tienen representación los poderes fácticos en España (ex-presidentes del gobierno, Consejo Económico y Social...) los que cortaron la pretensión de un médico, Bernat Soria, de tocar una de las fibras nerviosas del mercado farmacéutico en España. CiU viene al parlamento con una propuesta para que, sin contravenir la Ley del Medicamento, que otorga la capacidad de recetar sólo al médico, permita regularizar una situación que se da ya en los hechos: las enfermeras ya recetan. La Junta de Andalucí­a ya lo tiene legislado, por decreto autonómico, y pretende ser punta de lanza para que se extienda a toda España, toda vez que el Consejo de Estado emitió un informe en contra de la pretensión de Bernat Soria de modificar la legislación actual desde el Ministerio de Sanidad. En esta batalla se pone de manifiesto que las necesidades de salud reales chocan con intereses y privilegios establecidos. Por un lado, dichas necesidades empujan a que las enfermeras sobrepasen los lí­mites establecidos por la normativa para su profesión y cojan responsabilidades superiores, teóricamente reservadas para los médicos. Hoy, por ejemplo, podemos ver a enfermeras en los "triage" de muchos servicios de urgencias clasificando a los enfermos para su atención temprana, cuando hace años este papel lo cumplí­an médicos. Por otro lado, el monopolio de la prescripción en manos de los médicos, amén que este sólo pueda ser roto en manos de profesionales totalmente capacitados y formados para tener tal responsabilidad, es lo que ha permitido que las grandes farmacéuticas haya intervenido en la "elitización" del estamento médico (financiando congresos, haciendo regalos a los médicos...). Claro que todo tiene un doble aspecto. Ni la capacidad de recetar debe convertirse en que las enfermeras cumplen el papel burocrático de rellenar recetas (que es en definitiva a lo que conduce la propuesta de CiU cuando deja intacto el monopolio médico de la prescripción) ahora que la población va envejeciendo y aumenta el número de enfermos crónicos que visitan los ambulatorios únicamente para ir renovando sus recetas. Eso serí­a tan sólo un parche a la sobrecarga de los médicos de familia, rebajando el papel de la enfermera al de la secretaria que alivia dicha sobrecarga al médico. Usar a las enfermeras como mano de obra barata para poder aliviar los presupuestos sanitarios de las comunidades autónomas, ese es el interés que hay que conjurar. La enfermerí­a, por su nivel profesional, que a las enfermeras españolas no les falta, por su práctica en el uso y manejo de técnicas dianósticas y terapéuticas, en la cercaní­a al enfermo, a sus necesidades y problemas, puede representar un factor d avance en las necesidades populares y un factor de retroceso para la medicina monopolizada por unos pocos. No en vano, fue el Consejo de Estado, un organismo en el que tienen representación los poderes fácticos en España (ex-presidentes del gobierno, Consejo Económico y Social...) los que cortaron la pretensión de un médico, Bernat Soria, de tocar una de las fibras nerviosas del mercado farmacéutico en España.
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