Avances contra el cáncer

Cáncer e inflamación: más evidencias

Un nuevo mapa genético sobre la susceptibilidad a padecer cáncer de piel aporta un nuevo y valioso paso en la descripción del cáncer. Pero abre de nuevo las lagunas pendientes para su comprensión.

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12-01-2009
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Los avances genéticos están curiosamente permitiendo sumar evidencias de cómo los mecanismos de la inflamación están vinculados al cáncer y que el estudio de la interacción entre el entorno y la genética es imprescindible si queremos ganarle la batalla. Los avances genéticos están curiosamente permitiendo sumar evidencias de cómo los mecanismos de la inflamación están vinculados al cáncer y que el estudio de la interacción entre el entorno y la genética es imprescindible si queremos ganarle la batalla.
Un equipo multicéntrico, dirigido por científicos de la Universidad de California, ha identificado los genes relacionados con la mayor susceptibilidad del ratón a padecer cáncer de piel. Tal como está ocurriendo con los avances que suponen hacer mapas genéticos de la enfermedad cancerosa no es uno sólo sino múltiples genes los que se suelen encontrar alterados. Por tanto se trata siempre, visto desde el punto de vista genético de enfermedades complejas en las que están alteradas diferentes vías metabólicas. Esto ha llevado a cuestionar el concepto de “diana” terapéutica, por la que a cada tipo de cáncer hay un receptor o una sustancia concreta a bloquear o activar para atacarlo. Realizando el mapa de la susceptibilidad a padecer cáncer de piel se han identificado vías biológicas que relacionan la inflamación, la hematopoyesis (génesis de células sanguíneas), el control del ciclo celular y la susceptibilidad tumoral. Lo que se ha encontrado, en concreto, es que las variantes asociadas a la inflamación, la función de barrera epidérmica y la proliferación son reguladas de forma diferente en ratones susceptibles y resistentes al cáncer. Llama la atención el hallazgo de un marcador celular intestinal como principal regulador de los folículos pilosos. También que el receptor de la vitamina D esté relacionado con el control coordinado de la función de la barrera epidérmica, la inflamación y la susceptibilidad tumoral. Tras investigar las conexiones de los genes implicados en estos procesos apareció una red de 62 genes, la mayoría de los cuales están implicados en la biología de los folículos pilosos  y la queratina.
Aunque el objetivo final es intentar identificar el componente genético, dentro de este mapa “poligénico”, que determina la diferente susceptibilidad entre individuos y el desarrollo de cáncer esporádico para poder identificar qué personas tienen que ser vigiladas y tratadas con mayor intensidad, los investigadores reconocen que es “una tarea muy compleja por la gran variabilidad genética humana y por la complicada interacción con el entorno". Por un lado aparece el horizonte de una medicina individualizada, por otro el de desentrañar la influencia de un medio que nos afecta colectivamente. Toda una asignatura pendiente para complementar los descubrimientos genéticos.
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