Literatura

Millenium: ¿otro best seller?

Stieg Larson escribí­a por las noches, robándole horas al sueño y tras jornadas extenuantes de trabajo. Desde hací­a decenios era un lector empedernido de novela negra. Cuando por fin se decidió ...

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12-01-2009
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En los años 50 y 60 -cuando no dejaba de producir una obra maestra tras otra: "La ventana indiscreta", "Vértigo", "Con la muerte en los talones", "Psicosis", "Los pájaros"-. se tení­a a Hitchcock por un director muy entretenido y popular, cuyas pelí­culas alcanzaban grandes audiencias sobre la base de renunciar a toda pretensión artí­stica. En los años 50 y 60 -cuando no dejaba de producir una obra maestra tras otra: "La ventana indiscreta", "Vértigo", "Con la muerte en los talones", "Psicosis", "Los pájaros"-. se tení­a a Hitchcock por un director muy entretenido y popular, cuyas pelí­culas alcanzaban grandes audiencias sobre la base de renunciar a toda pretensión artí­stica.
Aquel equívoco duró decenios.
 
Hoy asistimos a un nuevo fenómeno cultural de masas que, a mi juicio, está sufriendo un equívoco similar. Me refiero a la saga de novela negra "Millenium", de Stieg Larson, de la que en España se han publicado ya los dos primeros títulos ("Los hombres que no amaban a las mujeres" y "La chica con una cerilla y un bidón de gasolina"), con un éxito de ventas que remeda al que estos libros han conseguido en Francia, Alemania o Italia, pero que aún está lejos de alcanzar la dimensión apabullante lograda en su país, Suecia, donde se han vendido ya 3 millones de ejemplares para una población de apenas 9 millones de habitantes.
 
La enorme popularidad de la serie, la tendencia casi "adictiva" que crea entre los lectores, el hábil manejo de la intriga y la utilización de un lenguaje cristalino y transparente, casi "deslizante", abocan a una conclusión casi obligatoria: "Millenium" no es, en definitiva, más que otro best seller.
 
A mi juicio esa conclusión encierra un "error" mayúsculo. Un "error" que, además, contribuye a desactivar la "dinamita" que estos libros llevan dentro -de la misma forma que aquella consideración de Hitchcock contribuía a diluir y borrar la potentísima carga explosiva de su cine-.
 
Stieg Larson -cuya muerte en 2005 hará imposible la continuación de su saga- era, ya de entrada, la antítesis del modelo de escritor de best sellers: lejos de vivir en una acomodada mansión de las afueras de Londres o de Los Ángeles, vivía en un piso de 60 metros cuadrados sin ascensor en un barrio popular de Estocolmo. Ni siquiera era un escritor "profesional": era un periodista de investigación, especializado en el tema de la nueva extrema derecha europea y los escándalos económicos de los poderosos. Cercano en el 68 a la izquierda revolucionaria, mantenía vivo su compromiso político, por lo que estaba amenazado de muerte.
 
Stieg Larson escribía por las noches, robándole horas al sueño y tras jornadas extenuantes de trabajo. Desde hacía decenios era un lector empedernido de novela negra. Cuando por fin se decidió a escribir (con casi 50 años) volcó en ese molde tan popular su cosmovisión de la realidad.
 
El resultado es una saga (desgraciadamente de solo tres entregas: la fatiga lo mató) en que se desnuda, implacablemente, el modélico universo escandinavo (recuerdan a Felipe González, vendiéndolo en los años ochenta, de la mano de Olof Palme) y se nos muestran los túneles de horror que socavan ese edificio gangrenado.
 
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